«Una raza que tiembla en un mundo que quema » por Julius Evola

El término dukkha suele traducirse por “dolor”, de donde el concepto estereotipado de que la esencia de la enseñanza budista es, simplemente , que el mudo es dolor. Mas éste es el aspecto más popular , exotérico, casi diría profano, de la doctrina budista. cierto, no se puede objetar que dukkha, en los textos se aplica a cosas que, como envejecer, enfermarse, morir, sufrir lo que no se desea y no tener lo que se desea, etc. , pueden en general ser motivo de dolor, de sufrimiento, Pero, por ejemplo, ya la idea de que el nacimiento en sí sea dukkha debería dar que pensar y aún más el que el mismo término sea aplicado a estados de conciencia no humanos, “celestes” o “divinos”, de los que no se puede decir que estén sujetos al “dolor” en el sentido común del término . El significado más profundo, doctrinal y no popular del vocablo dukkha, más que “sufrimiento”, es estado de agitación , de inquietud, de “conmoción”. Esta interpretación se confirma si consideramos dukkha a la luz de su opuesto, vale decir , de los estados de liberación : dukkha se nos aparece entonces como la antítesis de una calma impasibilidad, de una superioridad no sólo ante el dolor sino ante la alegría; como lo opuesto de la “incomparable seguridad” del estado en el que no hay ya “inquieto girar”, no hay ya “ir y venir”, y el miedo y la angustia han sido destruidos .

Para entender de veras el contenido de la primera verdad de los ariya, dukkha, más aún, para aprehender la sustancia más profunda de la existencia samsárica, hay que asociar a la noción de “conmoción ” y de “agitación”, la de “angustia” “Una raza que tiembla”, vio Buda en el mundo: hombres que temblaban, apegados a su persona, “semejantes a peces de una corriente casi seca” “Este mundo ha caído en la agitación”. Es el pensamiento que le vino cuando aún se esforzaba por conseguir la iluminación. “De verdad, este mundo ha sido vencido por la agitación» . Se nace, se muere, se decae de un estado y se pasa a otro. Y de esta pena, de este decaer y morir, nadie conoce un respiro. Se trata pues de algo bastante más vasto y profundo que cuanto se pueda expresar con un término como sufrimiento o dolor. ¿De dónde se origina, de dónde extraen nutrimiento y se afianza una existencia que se presenta como dukkha, como agitación, como angustioso devenir? La respuesta es tanha, el anhelo, el ansia, o trsna (trishna) la sed: “sed de vida, que siempre se reaviva, que unida al placer de la satisfacción y que no cesa de calmarse ni aquí ni allá; es sed de placer sensual, sed de existencia, sed de devenir”.

Ésta es la fuerza central de la existencia samsárica, éste es el principio que determina la anatta, o sea, la no identidad de cualquier cosa y de cualquier vida, y cualquier vida mezcla de alteración y la muerte . La sed , el ansia, el ardor, según la enseñanza budista se encuentran no sólo en la raíz de cualquier estado de ánimo, sino también de la experiencia en general, de las formas del sentir, percibir y del experimentar, que más parecían “neutras” y mecánicas. Se da así el simbolismo sugestivo del “ mundo que quema”. El mundo entero está en llamas, el mundo entero está consumido por el fuego, el mundo entero tiembla “. “Todo esta en llamas. ¿Y qué está en llamas? Arde el ojo con lo visible, arde la sensación que surge del contacto con lo visible, se trate de alegría , dolor o ni alegría ni dolor. ¿Y de qué fuego que arde? Del fuego del deseo, del fuego de la aversión, del fuego de la obcecación”. Y el mismo motivo se repite para lo que se escucha, lo que es gustado, tocado, olido o pensado. Lo mismo para el quíntuple tronco de la personalidad: forma corpórea, sentimiento, percepción, tendencias, conciencia. Esta llama no sólo arde en placer aversión y obcecación, sino también en nacimiento y muerte, en el decaer , en toda pena y sufrimiento. Tal es la segunda verdad de los ariya la verdad acerca del origen. Para entenderla es preciso ir más allá del plano de la conciencia ordinaria .

En efecto, todos concederán que el deseo es el resorte de gran parte de las acciones humanas, pero nunca jamás podrán captar intuitivamente que sea la sustancia de su misma forma corpórea, la raíz misma de su misma individualidad, la base de toda su experiencia, incluso de la que tiene un color y sonido diferente. Y lo mismo vale decir, en cierta medida, respecto de la primera# verdad, por que, ¿cómo podría alguien comprender que el sustrato de su misma alegría es dukkha, esto es, agitación sufrimiento, desvarío? Es el caso que estas dos verdades son ya , en cierta medida, de la otra orilla o sea, se hacen evidentes sólo a quienes, habiendo superado ese estado en que antes se encontraban, pueden aferrar objetivamente y en su integridad el sentido profundo del mismo. Respecto a esto, los textos presentan un símil sugestivo, el del leproso.

Quienes , “excitados por el deseo, gozan del deseo” con como aquellos leprosos de cuerpos cubiertos de llagas y, ulcerados, comidos por los gusanos que, despellejándose las llagas y haciéndose achicharrar los miembros experimentan un goce enfermizo. Pero quien se librara de la lepra y se sintiera curado, sano, independiente, “dueño de andar a donde quiera”, éste entendería conforme a la realidad el placer morboso del leproso y si alguien quisiera arrastrarlo a la fuerza a ese fuego de que goza el leproso, se debatiría con toda su alma por apartarse. Aparte esto, ya el simbolismo de la llama y del fuego nos da un modo de entender aproximativamente la ley de la existencia condicionada y del devenir como “ansia” o “sed”.

«Al asimilar toda ansia a un fuego, el ser viviente se presenta no como un
“yo”, sino como un proceso de combustión de donde resulta un grado más alto de calor».

Por lo demás , trátese de la sed física o, en general, de la necesidad del alimento, el instinto empujó al organismo a saciarse asimilando y consumiendo lo que sea con tal de mantenerse. Mantenerse significa , empero, tener que sentir de nuevo depués , sed o hambre, por la ley misma del organismo, que se ve reafirmada con cada satisfacción de la necesidad. Es así como en los Evangelios se dice: “Quien bebe de esta gua, siempre tendrá sed, pero quien beba del agua que yo le dará , no volverá a tener sed; más aún, esta agua se tranformará en una fuente de agua que brota hasta la vida eterna”.

Más adecuado aún es el simbolismo de la llama y de los procesos de combustión. Se debe a Dahkle una aclaración de este simbolismo, al grado que nos hace entender el secreto de la vida samsárica. Al asimilar toda ansia a un fuego, el ser viviente se presenta no como un “yo”, sino como un proceso de combustión de donde resulta un grado más alto de calor; vale decir, una nueva energía con potencial de arder,de suscitar un nuevo incendio y así sucesivamente , una y otra vez. Se puede hablar , pues, de un proceso que se genera y que se da pábulo a sí mismo en la llama, de guisa que cada momento representa un dado grado calórico que, como tal, es la potencialidad de una nueva combustión apenas se produzca el contacto con una nueva materia capaz de arder. Por eso, en el texto ya citado, todo contacto, toda percepción, visión o pensamiento se consideran en términos de un “arder”.

El fuego es el ansia que la voluntad conduce hacia este o aquel contacto, en el que dicha ansia se prende y se afianza, cebándose, por así decir, de sí misma y exacerbándose en el acto mismo de apaciguarse y de consumir el combustible. El yo como santana, como “corriente”, no es más que la continuidad de este fuego que se mantiene mortecino bajo las cenizas en cuanto le falta material, para reavivarse con cualquier nuevo contacto. El proceso de la vida samsárica, pues, es considerado como una llama vinculada a una materia ardiente o como llama que ella misma es materia. los contactos se desarrollan a través del apego, upadana. Esto se refuerza en el ya mencionado quintuplica tronco que constituye la persona en general:

• organismo corpóreo

• sentimientos,

• percepciones

• tendencias

• conciencia individuada.

Al arder potencialmente en estos troncos , la sed se desarrolla en cada uno de ellos a través de una serie de contactos con el mundo externo, el cual se presenta a la voluntad de arder y de existir ardiendo bajo la especie de un variado combustible, que sin embargo tanto más acrecienta al ardor cuarto más parece aplacarla y satisfacerla. La teoría del anatta, del no-yo, en tal situación, tiene este sentido: el yo no existe fuera del proceso de arder; es este mismo proceso y en cuanto cesara, incluso el yo, la ilusión de ser yo, se derrumbaría. He aquí por ende, la razón de la angustia y de la “agitación” primordial… la causa del profundo hontanar del “triple fuego de la sensualidad el odio la obcecación” … y de la voluntad misma de “ buscar otros mundos “. Es en el afán donde el yo samsárico halla el apoyo sin el cual se hundiría.

También en el sufrimiento y en la pena actúa una variante de este fuego escondido, de la voluntad de existencia y de confirmación de los seres condicionados que, sin embargo, conduce a una alteración cada vez más profunda. En otra de las formulaciones de la enseñanza de Buddha DUHKHA es una de las tres características del ser o del devenir (bhava); las otras dos son : ANITYA la falta de permanencia. NATMAN la ausencia de todo Yo. Estos dos términos tienen una importancia fundamental. La doctrina anitya, por otra parte, no es la mera afirmación de que el mundo no es permanente, sino más bien que mientras más uno lo agarra más cambia. La realidad en sí misma no es ni permanente ni no permanente; no es posible someterla a categorías. Pero cuando uno trata de asirse a ella, el cambio aparece por todas partes, pues, como la propia sombra, mientras más rápido la perseguimos más velozmente huye.

por Julius Evola