«La falsa unidad del Yo» por George Gurdjieff

Uno de los errores que más resaltan en el hombres es la falsa idea que tiene de su yo. El hombre que nosotros conocemos, el hombre máquina, el hombre que no puede “hacer”, y con quien y a través de quien todo “sucede”, no puede poseer un yo único y permanente. su yo cambia tan deprisa como sus pensamientos, sus sentimientos y su carácter, y comete un grave error al considerarse a sí mismo siempre una misma persona; en realidad, siempre es una persona diferente, no la persona que era hace un instante.

El hombre no posee un yo permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada estado de ánimo, cada deseo, cada sensación, dice “yo”. Y, en todos los casos, parece que ha de darse por hecho que ese yo pertenece al Todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, y un deseo o una aversión se expresa por medio de este Todo.

La realidad es que tal suposición no tiene ningún fundamento. Cada pensamiento o deseo del hombre surge y vive de forma completamente separada e independiente de su Todo. Y el Todo del hombre jamás se expresa, por la sencilla razón de que sólo existe como tal, desde el punto de vista físico, como una cosa, y en lo abstracto, como un concepto.

El hombre carece de yo individual. Pero, en lugar de éste , existen cientos y miles de pequeños «yos” independientes, muchas  veces completamente desconocidos unos de otros, sin entrar nunca en contacto, o por el contrario, hostiles unos con otros , mutuamente exclusivos e incompatibles. A cada momento, el hombre está diciendo o pensando “yo”. Y, cada vez, su yo es diferente. Ahora es un pensamiento, ahora es un deseo, ahora una sensación, después es otro pensamiento y así sucesivamente, sin parar.

«Cada pensamiento o deseo del hombre surge y vive de forma completamente separada e independiente de su Todo».

El hombre es una pluralidad. Los nombres de un hombre suman legión.La alternancia de “yos”, su evidente y continua lucha por la supremacía, está controlada por influencias externas fortuitas. El tiempo templado, la luz del sol, el buen tiempo, inmediatamente evocan todo un grupo de yos. El frío, la niebla, la lluvia, evocan a oto grupo de yos, otas asociaciones, otros sentimientos, otas acciones. No hay nada en el hombre capaz de controlar este cambio de yos, principalmente porque el hombre no se da cuenta de ello, vive siempre en el último yo. Por supuesto, algunos yos son más fuertes que otros. pero no por su propia fuerza consciente; han sido creados a fuerza de accidentes o estímulos mecánicos externos repetidos.

La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, la casta y las tradiciones, o el encanto de nuevos eslóganes crean yos muy fuertes en la personalidad de un hombre, que dominan a toda una serie de yos más débiles. Y todos los yos que forman la personalidad de un hombre son el resultado de influencias externas y ambos se ponen en movimiento y son controlados por nuevas influencias externas. El hombre carece de indidivualidad . No tiene un yo único y poderoso. El hombre está dividido en una multiplicidad de pequeños yos . Y cada yo pequeño e independiente es capaz de llamarse a sí mismo por el nombre del Todo, obrar en nombre del Todo, estar de acuerdo o en desacuerdo hacer promesas, tomar decisiones con otro yo con el que luego el supuesto Todo habrá de vérselas . Esto explica por qué la gente toma decisiones y pocas veces las lleva a cabo.

Un hombre decide levantarse temprano a partir del día siugiente; un yo, o un grupo de yos, lo ha decidido. pero levantarse es asunto de otro yo que está en completo desacuerdo con la decisión y que, tal vez , no sepa absolutamente nada de ella. Por supuesto, el hombre seguirá durmiendo por la mañana, y por la tarde, vovlerá a decidir levantase temprano. En algunos casos, esto puede acarrearle consecuencias muy desgradables. Puede que un pequeño yo casual prometa algo, no ya a si mismo , sino a otra persona, en un momento determinado, sólo por vanidad o por diversión. Después desaparece y puede que el conjunto de los otros yos que son completamente inocentes del hecho, tal vez tengan que pagar toda su vida por ello. La tragedia del ser humano es que cualquier yo insignificante tiene derecho a firmar cheques y pagarés, y que el hombre, es decir, el Todo, tiene que pagarlos. Toda la vida de las personas consiste, muchas veces, en pagar los pagarés ( literales y metafóricos) ) de estos yos insignificantes y fortuitos.

por George Gurdjieff