Entrevista con Gustavo Picazo

Gustavo Picazo es doctor en Filosofía por la London School of Economics y profesor de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Murcia. Ha publicado numerosos artículos académicos sobre lógica, filosofía del lenguaje o metafilosofía. En el 2018 publicó su primer libro «Kairos Zen: El poder de mirar y hacer» Ediciones Urano, 2018. “Kairos Zen” es un elegante camino de crecimiento interior para encontrar la paz sin recurrir a principios mágico-religiosos ni forzarse a cambiar. Es una teoría y una práctica que reúne la adquisición de ciertas habilidades psicológicas y emocionales con inteligentes técnicas de meditación y observación. 

¿En que proyectos te encuentras trabajando actualmente?

Yo soy profesor de lógica, y habitualmente trabajo sobre la naturaleza del lenguaje y el razonamiento deductivo. El kairos zen está desconectado de mis temas de trabajo académico.

 El año pasado publicaste tu libro “Kairos Zen: el poder de mirar y hacer” (Urano, 2018). ¿De donde surgió ese concepto? ¿Como fue su proceso de creación?

La filosofía del kairos zen no es invención mía, sino tomada de las enseñanzas de un psicólogo de Murcia, Antonio García Atenza. La base de esta forma de vivir es la contemplación y la acción (“mirar y hacer”) sin apremio, sin juicio y sin recurrir al pensamiento mágico o religioso. Tras recibir esta enseñanza de Antonio busqué algún libro en el que estuviera reflejada, tal y como yo la había aprendido; y al no encontrar ninguno, me decidí a escribir el libro yo mismo. En cuanto al nombre “kairos zen”, se lo puse para acentuar la identidad de esta filosofía de vida frente a otras propuestas y corrientes. Procede del término del griego clásico “kairós”, que significa el momento oportuno para la acción, y la palabra japonesa “zen”, asociada a la práctica de la meditación.

¿En qué punto se encuentra la filosofía en la actualidad?

La filosofía tiene una historia muy larga, y de ella han emergido muchas disciplinas científicas, como la física (que en su momento se llamaba “filosofía natural”). Por eso pienso que de la filosofía actual saldrán otras ciencias en el futuro, cuando consigamos avanzar más en aquellos temas de los que nos estamos ocupando ahora.

 ¿Como fue tu aprendizaje con Willigis Jägger? ¿Como cambió esto tu vida?

Yo no conozco a Willigis personalmente, he aprendido de él a través de Antonio, mi maestro, que sí ha sido discípulo suyo. La filosofía que yo aprendí de Antonio (y que expongo en el libro) me cambió la vida profundamente, pero no de una manera rápida, ni muy visible desde fuera. Me cambió por dentro, en mi forma de interpretar lo que me pasa y en mi forma de responder a los acontecimientos. Y fue un cambio gradual, como una lluvia fina que cala despacio. De hecho, es un cambio que continúa hoy día, un cambio que no acaba nunca.

¿Como interpretas este punto de inflexión al cual se ha llegado con el planeta tierra?

La receta del kairos zen es contemplación y acción, “mirar y hacer”. Yo miro lo que está pasando, escucho cuáles son los hechos acerca de la degradación del planeta, y miro también a mi propio interior, me abro a contemplar cómo me siento al respecto. Y entonces, desde mi consciencia de lo que pasa y de cómo yo me siento, decido qué es lo que voy a hacer al respecto, decido cómo responder a eso. Y entonces puedo ver qué opciones tengo como consumidor/a y como cuidadana/o, cuando hago compras, cuando tiro la basura, cuando voto en las elecciones, etc. Y puedo hacer todo esto a mi ritmo, respirando, sin rebozarme en la culpa ni en la frustración. Dando mi pequeño paso cada día. Dando mi pequeño paso como si todo dependiera de mí, sabiendo que nada depende de mí —sabiendo que nada depende sólo de mí.

¿Qué elementos principales crees que se deben dar en nuestra sociedad para el resurgir del verdadero ser humano y de sus potenciales?

Yo no hablaría de lo que “debe” darse en la sociedad, ni hablaría del “verdadero” ser humano. Prefiero pensar que todas las personas somos “verdaderas”, y prefiero pensar que cualquier persona es ya todo lo verdadera y todo hermosa que nadie puede llegar a ser. Lo único que nos falta es darnos cuenta —darnos cuenta de eso que ya somos. Cuando yo dejo de juzgarme a mí mismo y a las demás personas gano en serenidad, gano en paz interior y gano en claridad de acción. Al menos así ha sido en mi experiencia y en la experiencia de otras muchas personas. Y cuando hablo de “no juzgar” (y cuando digo que todas las personas son hermosas) no estoy diciendo que no haya que poner límites. Yo puedo poner límites a la otra persona desde el respeto, incluso desde la compasión; desde el respeto y la compasión hacia esa persona, y desde el respeto y compasión también hacia mí.

Dicho todo esto, creo que el ejercicio de la meditación o silencio contemplativo puede ser una muy buena ayuda para caminar hacia una vida más serena, más plena y más en salud.

 ¿Es la falta de educación emocional uno de los factores que han creado una sociedad crónicamente enferma?

Yo no diría que nuestra sociedad está “crónicamente enferma”, sino que tenemos un camino por delante, tanto individual como colectivamente, para avanzar hacia una convivencia más respetuosa y hacia una vida más saludable. En cuanto al término “educación emocional”, me da un poco de miedo, porque suena a querer actuar sobre mis emociones, como si yo puiera entrenarme a sentir unas cosas en lugar de otras.

La propuesta del kairos zen no es intentar modificar mis emociones, sino justamente limitarme a contemplarlas y a aceptarlas tal cual vienen. A partir de ahí yo puedo tomar decisiones para encauzar mi vida, teniendo en cuenta lo que siento y lo que deseo. Pero la propuesta es actuar sobre mi vida —tomar decisiones en mi vida— en vez de actuar sobre mis emociones o intentar cambiarlas.

¿Como definirías la filosofía Zen a alguien que nunca ha oido hablar de ello?

Diría que el zen es parar, el zen es contemplar, el zen es respirar. Zen es lo que ocurre cuando hago un alto en el camino, cuando me abro a mi propio interior y acepto lo que veo en él, incluso aunque lo que vea no me guste o me resulte desagradable. Y le contaría también que hay unas posturas y unas prácticas estructuradas para propiciar esa quietud, prácticas que proceden de una tradición milenaria, y que se pueden ejercitar tanto individualmente como en grupo. Y que se pueden ejercitar independientemente de toda interpretación filosófica o religiosa (es lo que se conoce como “meditación laica” o “meditación para la salud”: la realización de los ejercicios meditativos sin más, por su valor en sí mismos).

¿Qué papeles juegan el arte y la naturaleza en nuestra capacidad de ser felices?

El kairos zen no se embarca en la búsqueda de la felicidad, sino en la búsqueda de la paz interior, que es una cosa muy distinta. En mi experiencia, y en la experiencia de muchas personas, sucede que cuanto más me empeño en buscar la felicidad (cuanto más me empeño en estar feliz y alegre), menos lo consigo. En cambio, si soy capaz de aceptar la tristeza en mi propio interior (si soy capaz de aceptar que a lo largo de mi vida voy a tener momentos de alegría, pero también momentos de tristeza, de rabia, de miedo y de preocupación), entonces se produce como una liberación o un descanso interior. Cuando soy capaz de aceptar la tristeza en mi propio interior —sin luchar contra ella, aunque sin aferrarme a ella tampoco— entonces vivo esa tristeza de forma más calmada, más sosegada. Y entonces experimento una mayor sensación de plenitud y de conformidad con la vida.

¿Como explicarías a la gente la necesidad de integrar el silencio y la quietud en nuestro día a día?

De nuevo, yo no hablaría de “necesidad”. Si yo le digo a otra persona lo que necesita hacer en su vida, entonces me estoy poniendo por encima suyo, estoy tomando la responsabilidad de su vida en mis manos. Pero sí puedo hablar desde mi propia experiencia y desde lo que conozco de la experiencia de otras personas. La integración paulatina, gradual, de la meditación en mi día a día, ha tenido efectos en mi vida y los sigue teniendo. El ejercicio de la meditación (ya sea individualmente o en grupo, ya sea en momentos breves o en sesiones más largas) me proporciona claridad, perspectiva, mejor capacidad de acción y más conciencia de mi propia capacidad. Es la gasolina de mi espíritu, sin ninguna duda.