Entrevista con Laia Monserrat

Laia Monserrat es psicóloga clínica, alumna y discípula de Karlfried G. Dürkheim y Jacques Castermane. Formada en Leibterapia Personal en el Centro Dürckheim (Francia) y autorizada desde 1989 a practicarla, así como para la enseñanza del Zen. También posee un Máster en Terapia Breve Estratégica (Giorgio Nardone e Institut Gestalt). Es un referente en Zen occidental laico, Leibterapia y Técnicas de Centramiento en el Hara. Es directora de la Formación en Leibterapia Personal, línea Dürckheim. Es docente y responsable de las prácticas del Master de Mindfulness y Psicoterapia de la Universidad de Barcelona y docente del Posgrado de Educación de la interioridad de la Universidad La Salle.
Ha publicado “Un cerezo en el balcón”* (Kairós-2011-14-19en), sobre cómo practicar la meditación Zen en la ciudad, “Espiritualidad natural. La educación espiritual de los niños” (Kairós 2014) dirigido a padres y educadores, y “La revolución del Hará. Leibterapia y técnicas de Centramiento” (Kairós 2016). Es colaboradora habitual en prensa, radio y coloquios donde aporta su experiencia en espiritualidad laica y psicoterapia.

Qué nos puedes explicar sobre la Liebterapia?

La Leibterapia es una psicoterapia que surgió de la mano del psicólogo y maestro Zen Karlfried Dürckheim después de su larga estancia en Japón. Allí comprendió la importancia de la meditación y también que tan solo con la meditación los occidentales no tendríamos suficiente. La Leibterapia nos abre al cuerpo que somos, a la mente corporeizada y a la espiritualidad profunda y encarnada que vive en nosotros. Su objetivo es acompañar a la persona a vivir ccomo la unidad que es y a estar más cerca de su esencia.

Que has aprendido de tu trabajo en los retiros de meditación?

Que es algo muy necesario ese retirarse, tomarse unos días de silencio, de profundización en el aquí y en ahora, sin más pretensiones que vivir plenamente lo que es. Es verdaderamente sanador para las personas que acuden a los retiros. Suelen ser grupos no muy numerosos, me importan las personas y sus procesos particulares, para ello tengo que poder estar atenta a cada uno de los participantes, desde el respeto y el cariño. Siempre buscamos lugares en los que podemos estar en contacto con la naturaleza, que nos permiten experimentar esa naturaleza profunda que nosotros somos.

En tu libro «Espiritualidad Natural» planteas una educación en la Espiritualidad, algo que obvia el sistema y sufrimos todos. Que és lo que te llevó a escribir este libro?

Me preguntaba qué podíamos hacer para acompañar a los niños a no perder el gran tesoro con el que nacen, la dimensión espiritual. Creo que es responsabilidad de todos aprender a reconocer dicha dimensión, comprender su importancia para las personas y la sociedad y saber cómo educar desde el respeto a la persona completa.
Cuando hablo de espiritualidad hablo de algo natural en cada persona, que sobrepasa, está más allá de creencias y dogmas. A los niños no hay que enseñarles a ser espirituales, hay que permitirles seguir siéndolo. Y esto es en realidad un aprendizaje para los adultos.

Cuando descubriste el Zen? Cómo cambió esto tu vida?

Descubrí el Zen de la mano de Jacques Castermane. Mi vida cambió totalmente porque por primera vez, a pesar de haber meditado ya durante años en otras técnicas, senti que mi sentir interno encontraba una forma de expresión que era totalmente adecuada. Como Casterman me dijo, me sentía como pez en el agua. También me inicié en el conocimiento y la experiencia de la Leibterapia y el Hara… venía todo en el mismo entorno de la linia Dürckheim. Desde entonces vivo, practico, enseño y trato a mis pacientes con estas técnicas.

Como psicóloga crees que algún día se tratará la salud de forma holística institucionalmente?

De momento no parece que sea ese el camino que se está tomando. Tengo la sensación de que algunas personas lo comprenden cada vez más como una necesidad profunda, mientras que otra parte de la sociedad se radicaliza en la comprensión del ser humano «por partes».
Sin embargo, es cierto que muchas personas sienten que ese es el camino para sanarse del dolor profundo que sienten, de la falta de sentido que viven. Por suerte, algunos profesionales de la medicina tradicional se abren a otras comprensiones más holísticas.
Lo que sí pienso es que la psicología va a tener que abrirse mucho más a la mente corporeizada, creo que es un camino inevitable para esta ciencia.

Qué elementos principales crees que se deben dar en nuestra sociedad para el resurgir del verdadero ser humano y de sus potenciales?

Creo que el sufrimiento que se vive a nivel personal y social tiene la posibilidad de ser el acicate que empuje a mucha gente a buscar ese despertar profundo. Para ello es necesario reencontrar la fuerza innata de la persona, su centro, su Hara. Es un proceso individual que luego se revierte en un comportamiento social.

Crees que la evolución en la sociedad de Occidente ha desembocado en enfermedad y ha acudido a Oriente a buscar la solución?

Oriente y occidente son realidades complementarias en ciertos aspectos. También existe el oriente interior y el occidente interior en cada persona. Muchas veces necesitamos ir lejos para volver cargados de nuevos conocimientos, sabiduría y visión.
Sin embargo, actualmente vemos cómo tanto oriente como occidente están enfermos. El modelo de capitalismo consumista está llegando a extremos insostenibles a todos los niveles. Necesitamos sanar todos, los orientales y los occidentales.

En tu libro «Un cerezo en el balcón» desarrollas las pautas para integrar la filosofía Zen en el entorno urbano, crees que el hecho de que el ser humano viva masivamente en las ciudades le ayuda a enfermar?

El alejamiento de la naturaleza nos enferma. Las ciudades se han convertido en las antípodas de «lo natural». Hemos creado ambientes tan nocivos que la gente enferma. Hay que aprender a integrar la naturaleza en las ciudades, buscar entornos más respetuosos. Las ciudades son muy antiguas, los humanos hemos encontrado esa fórmula para convivir e intercambiar conocimientos y apoyo mutuo. El mal no es la ciudad, sino en lo que se ha convertido.
El zen nos enseña a vivir desde esa naturaleza interior que es la gran naturaleza. Eso lo podemos vivir en la ciudad y en la montaña. Denpederá de nuestra actitud. Y si estamos en la ciudad, debemos buscar fórmulas para naturalizar el entorno urbano.

Desde «Presencia Zen» ofrecéis programas de gestión del estrés en empresas, como se vive ese proceso de trabajo en el día a día?

El estrés en la empresa es algo  que genera mucho sufrimiento en las personas y muchas pérdidas económicas en las empresas. Se puede trabajar con menos estrés. Se puede trabajar con un mayor respeto por las personas y eso lo tiene que aprender cada persona, tiene que aprender a conocerse mejor y a conocer cuales son sus recursos personales para poder activarlos.
Me gusta enseñar técnicas sencillas que se puedan aplicar en el entorno cotidiano de forma muy orgánica. Las personas que pasan por estas formaciones salen con recursos que aplican tanto en su vida laboral como en su vida privada, y eso es magnífico.

Que planes tienes a corto y a largo plazo?

ummm… si, siempre tengo proyectos… Estoy escribiendo un nuevo libro y tengo muchas ganas de profundizar en él… ya os contaré. También estoy viendo cómo puedo llevar mi Formación en Leibterapia a países lejanos, me lo están pidiendo y es algo en lo que tengo que reflexionar para poder aportar lo mejor de mí y de estas técnicas.
A largo plazo me gustaría poder ampliar el número de personas formadas en estas técnicas que trabajo. Lo siento como una responsabilidad el poder aportar a más personas algo que es realmente maravilloso.
Lo demás, es seguir siendo útil a mis pacientes, a mis alumnos y en mi entorno de vida.